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4 de agosto de 2011

Las cenizas de mi amigo Perozzo



Carlos Perozzo, foto de JEP
Adiós a las cenizas de mi amigo Perozzo
Por Jorge Eliécer Pardo


Con las cenizas de mi amigo escritor. Foto Mábel Pachón

Palabras pronunciadas en la Iglesia Santa Clara de Bogotá

Ayer en la mañana me senté largas horas en la misma mesa del café Valdez donde en los últimos años debatimos con Carlos Perozzo sobre la literatura, la política, la vida y la muerte. Estuve en silencio como lo estuvimos tantas tardes luego de una pequeña reflexión que Perozzo dejaba en el ambiente recitando un texto de Hamlet. Miré el cielo cargado de nimbos y rememoré las extrañas figuras de los monstruos con los jugábamos en las medias tardes. Supe entonces que ni el café Valdez ni nuestras vidas seguirían siendo las mismas. Nos hará falta esa conciencia intelectual provocadora que nos retaba a nuevas lecturas, lenguajes y saberes. Muchos quizás vivieron las lapidarias críticas a sus trabajos o recibieron reconocimientos sin ampulosidades ni adjetivaciones. El Perozzo fue así, exigente y franco.
Ahora estamos aquí los que lo queremos y respetamos.
Mábel —también la llamaba Mabel—: es mi ángel protector, me dijo muchas veces. Y no estaba equivocado: lo ha sido y lo será: soy testigo como lo son todos los que en este medio día la acompañamos. Ángel protector, musa, amante, compañera, cómplice. Todo lo que un hombre necesita para vivir la efímera felicidad y la farsante muerte. Ha sido la guardiana de sus sueños, de su obra, de sus silencios en los últimos meses de su existencia en este planeta que su Keko veía camino a la hecatombe. Mabelita, que al decir del escritor Héctor Sánchez, fue sacada de un cuadro de Amadeo Modigliani para compartir la magia del arte y el amor al lado de un poeta.
Aquí están los que lo habitaron, sus amigos de toda la vida o de pedazos de vida o de instantes de vida. Y allí, entre las personas que vinieron a decir adiós a las cenizas de Perozzo, se mezclan sus personajes, los que nunca traicionan: Ugolugo Rangel, Waldemar tomado de la mano de la Ricahembra, Alden MacCastro que ahora interpreta un concierto inmortal, Marco, Altuve, Gaspara colgada de las lámparas, y su mejor elenco: Zapatín, Pinpín, Remolacho y el imprevisible Lechuguín, su alterego, con sus grandes zapatos y su nariz de ping pong para hacernos reír, como Carlos siempre lo hizo frente su público privado y su ópera china.
Aquí están sus hijas Carla y Gina, sus hermanos que aprendieron de Carlos la pasión por los viajes maravillosos que nos regala la literatura. Y la segunda generación perozziana, Sergio, Wanda y Camilo, artistas, atrapados por su influencia en los laberintos oscuros a veces, iluminados otros, de la literatura.
Aquí se encuentran sobrecogidos por la ausencia, escritores y artistas, aventureros y lectores, teatreros y saltimbanquis.
Perozzín: serás ahora parte de los eternos monólogos con Shakespeare y Joyce, con Durrell y Musil, con Proust y Onetti; de los sabios árboles que tanto te gustaron. A los ocobos florecidos que tus cenizas abonarán, llegarán los pájaros que rememoró Jorge Dávila en tu otra ceremonia del adiós.
Pájaros, árboles y flores, así te evocaremos en el tiempo que nos queda antes de convertirnos también en seres voladores absorbidos por el paisaje.
Volveremos a tus libros entre la sombra del vacío y sabremos que la muerte es una mentira y que la buena literatura siempre ganará al olvido.
Bogotá, agosto 3 de 2011

Carlos Perozzo y su esposa Mabel Pachón

2 comentarios:

JORGE E PARDO dijo...

Del poeta René González
Muy sentidas las palabras que leíste en las honras fúnebres de Perozzo, con ese estilo y ese tono tan particularmente tuyos. Creo que él, al conocerte como te conocía, las esperaba.
Otro adelantado para los registros acuciosos de Carlos O., nuestro inefable tejedor no de coronas si no de improntas.

ranuraku dijo...

Estimado Jorge:

La vida quiso que hoy me metiera al internet para ver que sería de aquel escritor con el que compartí una semana de clases en la Universidad Pablo de Olavide, hace más de 10 años.... Pues hace algunas semanas en una clase le comentaba a mis alumnos lo que había disfrutado de ese tiempo y lo que había aprendido de él....

Lamenté profundamente encontrarme con la noticia de su muerte, pero sé que a estas alturas él estará disfrutando de las "mesas redondas" con personajes muy interesantes allá, en la nueva dimensión en la que se encuentra...

Les envío un abrazo grande a toda su familia y amigos desde La Serena - Chile. Y agradezco profundamente el haber podido tenerlo como profesor por un breve tiempo...


Alejandra